La película “Torrente Presidente” está de rabiosa actualidad por la gran y polarizada polémica que ha levantado tras su meteórico éxito en su primer fin de semana. Un auténtico taquillazo como pocos se han visto en un estreno de cine español
Una de las críticas negativas hacia la sexta entrega de la icónica saga de Santiago Segura es que es una mala película, es decir, un producto cinematográfico de baja calidad. Cabe señalar que muy poca gente, de entre los que han gozado con el largometraje, afirman que sea una buena película más allá de lo divertida que es.
Como es obvio, al final las opiniones son subjetivas. Lo que para uno puede ser una obra maestra, para otros será un bodrio. Por ejemplo, yo considero que “Braindead” es una obra maestra, mientras que mucha gente la considera una simple orgía de sangre (que en parte lo es) y mal gusto. No obstante, hay algunos parámetros objetivos para medir la calidad de una película a nivel técnico: guion, fotografía, dirección o trama. Bajo estos elementos, probablemente sea difícil afirmar que ”Torrente Presidente” sea una obra maestra del cine, pero creo que no puede afirmarse que sea mala. No tiene un guion a la altura de “El Club de la Lucha” (aunque esta jugaba con ventaja al basarse en una novela), pero cumple su función sin dejar agujeros. Su fotografía no es comparable a las obras de Robert Eggers, pero los encuadres son correctos y hay dinamismo. Su dirección no llega a la maestría de “El Exorcista” de Friedkin o “Braveheart” de Mel Gibson, pero la película tiene buen ritmo y da lo que promete. Y desde luego no tiene una trama elaboradísima que plantee grandes desafíos para la humanidad como “Interstellar” de Nolan, pero se hila bien dentro de su sencillez. Ahora bien, la cuestión es: ¿necesitaba que todo esto destacase? ¿Le habría hecho bien?
“Torrente Presidente” tiene un doble objetivo: por una parte, quiere entretener mediante el humor; por otra, presentar una caricatura satírica de la política española. Y consigue ambas cosas de forma más que notable.
A uno puede no gustarle el humor negro, o cafre, o políticamente incorrecto. Pero cuando casi un millón de personas han visto la película y la inmensa mayoría se han tronchado de la risa, está claro que la obra es divertida y logra con creces el primer objetivo: entretener mediante el humor. Por otra parte, la representación que hace Segura de la política española es, creo yo, bastante certera. Evidentemente, juega con la exageración y con el uso de estereotipos, algo que recuerda mucho a lo que hizo Valle Inclán con su clásica obra “Luces de Bohemia”. En efecto, Santiago Segura ha usado la técnica valleinclanesca del esperpento para repartir hostias a diestro y siniestro sin dejar títere con cabeza. El hecho de que muchos se hayan ofendido es una muestra de que ha sabido hurgar donde más molesta, señal de que la sátira ha sido acertada.
Por otro lado, siempre se dice que el cine, así como el arte en general, debe impactar en la sociedad, remover conciencias y provocar reflexión y debate. Yo no creo que eso sea necesario, pero no obstante en este sentido “Torrente Presidente” también aprueba con nota, pues ha reavivado el debate sobre los límites del humor, ha reivindicado el humor cafre de antaño y ha desafiado la corrección política imperante estableciendo un acalorado debate público que se ha extendido durante días. No se puede negar que ha tenido un fuerte impacto en la sociedad española y que ha captado muy bien el pulso político de la actualidad; de ahí, en parte, su éxito.
En conclusión, la última aventura de nuestro policía casposo favorito es una divertidísima película que ha entretenido y provocado risas a muchísima gente, así como ha generado un debate social importante. Puede que no sea una gran producción técnica en ciertos elementos académicos, pero sin duda es una película que consigue lo que busca y, además, lo consigue de forma muy hábil.
A mí, personalmente, me parece una buena película.
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